TRAS LOS PORTALES DE LA MUERTE LA VIDA : Preguntaba Sócrates ¿Qué engendra la muerte?
Y Platón contestaba ¡La Vida…La Vida…La Vida! 🇵🇪 🇨🇳🀄🐉🐲🎎🀄⛩️🇵🇪 🇨🇳🀄🐉🐲🎎🀄⛩️🇵🇪 🇨🇳🀄🐉🐲🎎🀄⛩️
POEMAS DESDE EL SUBSUELO: PERDURAR POR WALTER FAILA
POEMAS DESDE EL SUBSUELO: PERDURAR POR WALTER FAILA
PERDURAR
si solo perdurar es la estrategia duele entonces pensar que aun estas vivo no alcanzan las excusas al motivo para saber que cuestiones privilegia esa mente que juega aun traviesa con la muerte que se torna un adjetivo.
Si vivir es un verbo-sustantivo sin mas alcurnia que la mano que se besa coloca la corona a tu boca de princesa y hazla reina en el mundo sutil de los esclavos.
Si solo perdurar es lo primario sin cruzar el puente que atraviesa ten en cuenta que serás depositario de todo el dolor del mercenario que muere solo, en espera de su presa.
Arremete al amor aun quijotesca aunque las balas hieran tus osarios que al llegar habrá una vida, y aunque muerta sabrás que fuiste reina y tendrás una sonrisa como tumba en lo que es hoy tu terreno de calvarios.-
Poeta
mexicano nacido en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas; el 25 de marzo de 1926. Hijo de
un libanés emigrado. Vivió alternativamente ahí y en la ciudad de México.
Estudió medicina, pero abandonó estos estudios, posteriormente estudió letras
en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde se licenció en
Lengua y Literatura Española. En su juventud participó en programas de radio.
Fue diputado federal por el estado de Chiapas de 1976 a 1979 y diputado en el
Congreso de la Unión en 1988 por el Distrito Federal. Fue poeta calificado por
el presidente de México, Ernesto Zedillo, como uno de los más importantes del
país en el siglo XX, falleció el 19 de marzo de 1999 en México, Distrito
Federal, víctima de un cáncer a la edad de 72 años. Sus poemas son viajes al
fondo oscuro de las emociones, siempre con fuerza y siempre desgarradores. De
su interior sacó poemas toscos y abruptos. A veces acertó y a veces no, pero
cuando lo logró, sus poemas, hablan del amor o de la muerte del padre, tienen
una fuerza y una tenacidad en donde el ritmo del lenguaje y la potencia de las
expresiones dejan sin aliento al lector, seguro de haber tocado una verdad. Fue
Premio Villaurrutia en 1973 y Premio Nacional de Literatura en 1983. Sus libros
son Horal (1950), La señal (1951), Adán y Eva (1952), Tarumba
(1956),
Yuria (1967), Maltiempo (1972), Algo sobre la muerte del Mayor Sabines (1973) y
Uno es el hombre (1990). Su obra está recopilada en Nuevo recuento de poemas
(1977).
CABALLOS DE FUERZA
Acabo de estrenar un coche de lujo. Nunca en mi vida había tenido sino pequeños carros, modestos, mediocres, más bien pobres instrumentos de trabajo. Estuve alegre ayer todo el día, como cuando tuve bicicleta a los once años. ¿Qué simbiosis se establece entre el objeto y uno mismo? ¿Porqué la posesión de lo superfluo enaltece el ánimo como una conquista? Con sus 240 caballos de fuerza parece que aumentara la fuerza de uno mismo, su capacidad de acción, su poderío. Mi mujer y mis hijos están felices también. Nos hemos paseado de un lado al otro admirando su vestidura impecable, su palanca al piso, el espejo lateral que se mueve desde dentro y tantas preciosidades que lo hacen distinto. ¡Dios mío!, me pregunto, ¿esto es lo que llaman enajenación?, ¿o es el principio de mi decadencia? Bueno, me digo, consolándome: todavía me faltan dos años para pagarlo.
CUANDO TENGAS GANAS DE MORIRTE
Cuando tengas ganas de morirte esconde la cabeza bajo la almohada y cuenta cuatro mil borregos. Quédate dos días sin comer y veras que hermosa es la vida: carne, frijoles, pan. Quédate sin mujer: verás.
Cuando tengas ganas de morirte no alborotes tanto: muérete y ya.
DIGO QUE NO PUEDE DECIRSE EL AMOR
Digo que no puede decirse el amor. El amor se come como un pan, se muerde como un labio, se bebe como un manantial. El amor se llora como a un muerto, se goza como un disfraz. El amor duele como un callo, aturde como un panal, y es sabroso como la uva de cera y como la vida es mortal.
El amor no se dice con nada, ni con palabras ni con callar. Trata de decirlo el aire y lo está ensayando el mar. Pero el amante lo tiene prendido, untado en la sangre lunar, y el amor es igual que una brasa y una espiga de sal.
La mano de un manco lo puede tocar, la lengua de un mudo, los ojos de un ciego, decir y mirar. El amor no tiene remedio y sólo quiere jugar.
EL DIABLO Y YO NOS ENTENDEMOS
El diablo y yo nos entendemos como dos viejos amigos. A veces se hace mi sombra, va a todas partes conmigo. Se me trepa a la nariz y me la muerde y la quiebra con sus dientes finos. Cuando estoy en la ventana me dice ¡brinca! detrás del oído. Aquí en la cama se acuesta a mis pies como un niño y me ilumina el insomnio con luces de artificio. Nunca se está quieto. Anda como un maldito, como un loco, adivinando cosas que no me digo. Quién sabe qué gotas pone en mis ojos, que me miro a veces cara de diablo cuando estoy distraído. De vez en cuando me toma los dedos mientas escribo. Es raro y simple. Parece a veces arrepentido. El pobre no sabe nada de sí mismo. Cuando soy santo me pongo a murmurarle al oído y lo mareo y me desquito. Pero después de todo somos amigos y tiene una ternura como un membrillo y se siente solo el pobrecito
ESPERO CURARME DE TI.
Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad.
¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada.
Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: "qué calor hace", "dame agua", "¿sabes manejar?", "se hizo de noche"...Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho "ya es tarde", y tú sabías que decía "te quiero".)
Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que tú quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.
LA COJITA ESTA EMBARAZADA
La cojita está embarazada. se mueve trabajosamente, pero qué dulce mirada mira de frente.
Se le agrandaron sus ojos como si su niño también le creciera en ellos pequeño y limpio. A veces se queda viendo quién sabe qué cosas que en sus ojos blancos se le vuelven rosas.
Anda entre toda la gente trabajosamente. No puede disimular, pero, apunto de llorar, la cojita, de repente, se mira el vientre y ríe. Y ríe la gente.
La cojita está embarazada ahorita está en su balcón y yo creo que se alegra cantándose una canción: "cojita del pie derecho y también del corazón".
LA PROCESION DEL ENTIERRO
La procesión del entierro en las calles de la ciudad es ominosamente patética. Detrás del carro que lleva el cadáver, va el autobús, o los autobuses negros, con los dolientes, familiares y amigos. Las dos o tres personas llorosas, a quienes de verdad les duele, son ultrajadas por los cláxones vecinos, por los gritos de los voceadores, por las risas de los transeúntes, por la terrible indiferencia del mundo. La carroza avanza, se detiene, acelera de nuevo, y uno piensa que hasta los muertos tienen que respetar las señales de tránsito. Es un entierro urbano, decente y expedito.
No tiene la solemnidad ni la ternura del entierro en provincia. Una vez vi a un campesino llevando sobre los hombros una caja pequeña y blanca. Era una niña, tal vez su hija. Detrás de él no iba nadie, ni siquiera una de esas vecinas que se echan el rebozo sobre la cara y se ponen serias, como si pensaran en la muerte. El campesino iba solo, a media calle, apretado el sombrero con una de las manos sobre la caja blanca. Al llegar al centro de la población iban cuatro carros detrás de él, cuatro carros de desconocidos que no se habían atrevido a pasarlo.
Es claro que no quiero que me entierren. Pero si algún día ha de ser, prefiero que me encierren en el sótano de la casa, a ir muerto por estas calles de Dios sin que nadie se dé cuenta de mí. Porque si amo profundamente esta maravillosa indiferencia del mundo hacia mi vida, deseo también fervorosamente que mi cadáver sea respetado.
NO QUIERO CONVENCER A NADIE, DE NADA
No quiero convencer a nadie de nada. Tratar de convencer a otra persona es indecoroso, es atentar contra su libertad de pensar o creer o de hacer lo que le dé la gana. Yo quiero sólo enseñar, dar a conocer, mostrar, no demostrar. Que cada uno llegue a la verdad por sus propios pasos, y que nadie le llame equivocado o limitado. (¡Quién es quién para decir "esto es así", si la historia de la humanidad no es más que una historia de contradicciones y de tanteos y de búsquedas?)
Si a alguien he de convencer algún día, ese alguien ha de ser yo mismo. Convencerme de que no vale la pena llorar, ni afligirse, ni pensar en la muerte. "La vejez, la enfermedad y la muerte", de Buda, no son más que la muerte, y la muerte es inevitable. Tan inevitable como el nacimiento.
Lo bueno es vivir del mejor modo posible. Peleando, lastimando, acariciando, soñando. (¡Pero siempre se vive del mejor modo posible!)
Mientras yo no pueda respirar bajo el agua, o volar (pero de verdad volar, yo solo, con mis brazos), tendrá que gustarme caminar sobre la tierra, y ser hombre, no pez ni ave.
No tengo ningún deseo que me digan que la luna es diferente a mis sueños.
TE DESNUDAS IGUAL
Te desnudas igual que si estuvieras sola y de pronto descubres que estás conmigo. ¡Cómo te quiero entonces entre las sábanas y el frío!
Te pones a flirtearme como a un desconocido y yo te hago la corte ceremonioso y tibio. Pienso que soy tu esposo y que me engañas conmigo.
¡Y como nos queremos entonces en la risa de hallarnos solos en el amor prohibido!
(Después, cuando pasó, te tengo miedo y siento un escalofrío.)
TU CUERPO ESTA A MI LADO
Tu cuerpo está a mi lado fácil, dulce, callado. Tu cabeza en mi pecho se arrepiente con los ojos cerrados y yo te miro y fumo y acaricio tu pelo enamorado. Esta mortal ternura con que callo te está abrazando a ti mientras yo tengo inmóviles mis brazos. Miro mi cuerpo, el muslo en que descansa tu cansancio, tu blando seno oculto y apretado y el bajo y suave respirar de tu vientre sin mis labios. Te digo a media voz cosas que invento a cada rato y me pongo de veras triste y solo y te beso como si fueras tu retrato. Tú, sin hablar, me miras y te aprietas a mí y haces tu llanto sin lágrimas, sin ojos, sin espanto. Y yo vuelvo a fumar, mientras las cosas se ponen a escuchar lo que no hablamos.
¿QUÉ PUTAS PUEDO?
¿Qué putas puedo hacer con mi rodilla, con mi pierna tan larga y tan flaca, con mis brazos, con mi lengua, con mis flacos ojos? ¿Qué puedo hacer en este remolino de imbéciles de buena voluntad? ¿Qué puedo con inteligentes podridos y con dulces niñas que no quieren hombre sino poesía? ¿Qué puedo entre los poetas uniformados por la academia o por el comunismo? ¿Qué, entre vendedores o políticos o pastores de almas? ¿Qué putas puedo hacer, Tarumba, si no soy santo, ni héroe, ni bandido, ni adorador del arte, ni boticario, ni rebelde? ¿Qué puedo hacer si puedo hacerlo todo y no tengo ganas sino de mirar y mirar?
Hoy cambiaré un ingrato amor y la almohada mojada
Me vestiré de negro, cubriré eternamente el rostro
De tanto volver una y otra vez llego el gélido invierno
Los lotos los fueron matando uno a uno sin inmutarse
.
Los cisnes en el estanque emiten sus últimos cantos
Tantas veces repetiste ¡Me dueles mujer, tu amor me duele!
Solo tú eres verdad, eres eterna mi hermosa Diosa Blanca
La mente ilusa creyó, más en tu vida solo absurda fantasía
.
Un fantasma calentándote el cuerpo, la mente y el alma
Doce hojas cayeron una a una dejando huellas en el tiempo
Y hoy se abre la puerta del oeste a donde dirijo mis pasos
La luz se perdió entre las sombras de un amor irreal, absurdo
.
El dolor parece inagotable pero no hay marcha atrás
Cae la frente de bruces contra enormes piedras rojas
Una y otra vez los sesos sangrantes, el dolor no termina
Vuelve y atormenta las ideas que parecen congeladas
.
He cambiado tanto que ni siquiera reconozco mi rostro
Juramentos de fuego solo embustes y absurdas quimeras
Mientras mi alma frunce el ceño hastiado y amargo
Una muñeca vestida de encajes a lo lejos observa mi agonía
.
I LA DESTRUCCION El demonio se agita a mi lado sin cesar; flota a mi alrededor cual aire impalpable; lo respiro, siento como quema mi pulmón y lo llena de un deseo eterno y culpable. A veces toma, conocedor de mi amor al arte, la forma de la más seductora mujer, y bajo especiales pretextos hipócritas acostumbra mi gusto a nefandos placeres. Así me conduce, lejos de la mirada de Dios, jadeante y destrozado de fatiga, al centro de las llanuras del hastío, profundas y desiertas, y lanza a mis ojos, llenos de confusión, sucias vestiduras, heridas abiertas, ¡y el aderezo sangriento de la destrucción!
II UNA MARTIR Dibujo de un maestro desconocido En medio de frascos, telas sedosas, y muebles voluptuosos, de mármoles, pinturas, ropas perfumadas, que arrastran los pliegues suntuosos, en una alcoba tibia como en un invernadero, donde el aire es peligroso y fatal, dónde lánguidas flores en sus ataúdes de cristal exhalan su suspiro postrero, un cadáver sin cabeza derrama, como un río, en la almohada empapada, una sangre roja y viva, que la tela bebe con la misma avidez que un prado. Parecida a las tétricas visiones que engendra la oscuridad y que nos encadenan los ojos, la cabeza, con la masa de su crin sombreada, y de sus joyas preciosas, en la mesilla de noche, como una planta acuática, reposa, y, vacía de pensamientos, una mirada vaga y blanca como el crepúsculo escapa de sus ojos extraviados. En el lecho, el tronco desnudo, sin pudor, en el más completo abandono, muestra el secreto esplendor y la belleza fatal que la naturaleza le donó. Una media rosada, adornada con hilo de oro, en la pierna ha quedado cual recuerdo. La liga, al igual que un ojo secreto que llamea, lanza una mirada diamantina. El singular aspecto de esta soledad y de un gran retrato voluptuoso, de ojos provocativos como su actitud revela un amor tenebroso, una culpable alegría y fiestas extrañas, llenas de besos infernales, que regocijarán a los ángeles malos nadando entre cortinas y chales. Sin embargo, al ver la esbeltez elegante del hombro y su trazo quebrado, la cadera levemente afilada, y la cintura ágil lo mismo que un reptil irritado, se advierte que ella es joven aún. -Su alma exasperada y sus sentidos mordidos por el tedio, ¿se habían entregado a la jauría enfurecida de deseos errantes y perdidos? El hombre vengativo al que no pudiste, viviendo, a pesar de tanto amor, aplacar, ¿sació en tu carne, inerte y complaciente, toda la inmensidad de su deseo? ¡Responde, cádaver impuro! ¿Por tus rígidas trenzas te levantó con brazo febril? Dime, cabeza horrible, ¿en tus fríos dientes hay aún sus últimos adioses? -Lejos del mundo burlón, lejos de la multitud impura, lejos del magistrado curioso, duerme en paz, duerme en paz, extraña criatura, en tu sepulcro misterioso; tu esposo corre el mundo, y tu forma inmortal vela junto a él cuando duerme; lo mismo que tú sin duda te será fiel y constante hasta la muerte.
III MUJERES CONDENADAS Como un rebaño pensativo sobre la arena acostadas, entornan los ojos hacia el horizonte marino, y sus pies que se buscan y sus manos enlazadas tienen dulces languideces, amargos escalofríos. Unas, corazones que aman las largas confidencias, en el corazón de los bosques y junto a los arroyos, deletrean el amor de las tímidas infancias y marcan en el tronco los jóvenes arbolillos; otras, como hermanas, andan lentas, graves, a través de las rocas llenas de apariciones, donde san Antonio vio surgir como lavas, desnudo el seno, a sus purpúreas tentaciones. Las hay que a la lumbre de resinas goteantes, en el hueco mudo de los viejos antros paganos, te llaman en socorro de sus fiebres aullantes, ¡oh Baco, adormecedor de viejos remordimientos! Y otras, cuya garganta gusta de escapularios, que, ocultando un látigo bajo sus largos vestidos, mezclan en la noche oscura y los bosques solitarios espuma del placer y lágrimas de la tortura. ¡Oh vírgenes, oh demonios, oh monstruos, oh mártires!, grandes espíritus negadores de la realidad, buscadores de lo infinito, devotos y sátiros, ora llenos de furor, ora llenos de llanto, vosotras, a las que en vuestro infierno mi alma os [ha seguido, pobres hermanas, os amo tanto como os compadezco por vuestras dolorosas tristezas, vuestra sed no saciada, y las urnas de amor que llenan vuestro corazón.
IV LAS DOS BUENAS HERMANAS La Licencia y la Muerte son dos buenas muchachas, pródigas de sus besos y ricas en salud; su flanco siempre virgen y cubierto de hilachas, con la eterna labor jamás ha dado a luz. Al poeta siniestro, enemigo del hogar, favorito del infierno, cortesano sin más, tumbas y lupanares le muestran tras su vallado un lecho que el remordimiento no frecuenta jamás. Y el ataúd y la alcoba con grandes blasfemias nos ofrecen alternando como buenas hermanas terribles placeres y horribles deleites. ¿Cuándo quieres enterrarme, Vicio de brazos inmundos? Muerte, su rival en atractivos, ¿cuándo vendrás a plantar tus negros cipreses sobre sus mirtos fétidos?
V LA FUENTE DE SANGRE A veces siento mi sangre correr en oleadas, lo mismo que una fuente de rítmicos sollozos; la oigo correr en largos murmullos, pero en vano me palpo para encontrar la herida. A través de la ciudad, como un campo cerrado, va transformando las piedras en islotes, saciando la sed de cada criatura, y coloreando en rojo toda la natura. A menudo he pedido a estos vinos aplacar por un solo día el terror que me roe; el vino torna el mirar más claro y el oído más fino. He buscado en el amor un sueño de olvido; pero el amor no es para mí sino un colchón de alfileres, hecho para dar de beber a esas crueles mujeres.
VI ALEGORIA Es hermosa mujer, de buena figura, que arrastra en el vino su cabellera. Las garras del amor, los venenos del garito, todo resbala y se embota en su piel de granito. Se ríe de la Muerte y desprecia la Lujuria, y ambas, que todo inmolan a su ferocidad, han respetado siempre en su juego salvaje, de ese cuerpo firme y derecho la ruda majestad. Anda como una diosa y reposa como una sultana; tiene por el placer una fe mahometana, y en sus brazos abiertos que llenan sus senos atrae con la mirada a toda la raza humana. Ella cree, ella sabe, ¡doncella infecunda!, necesaria no obstante a la marcha del mundo, que la belleza del cuerpo es sublime don, que de toda infamia asegura el perdón. Ignora el infierno igual que el purgatorio, y cuando llegue la hora de entrar en la noche negra, mirará de la Muerte el rostro, como un recién nacido, sin odio ni remordimiento.
VII LA BEATRIZ En terrenos de ceniza, calcinados, sin verdores, mientras me lamentaba un día a Naturaleza, y mi pensamiento vagaba al azar, sintiendo en mi corazón clavarse el puñal, vi, en pleno mediodía, descender sobre mi cabeza una oscura nube grande y tempestuosa, que llevaba un rebaño de viciosos demonios, parecidos a enanos crueles y curiosos. Pusiéronse a contemplarme fríamente y, como hablando de algún loco que pasa, les oía reír y murmurar entre sí, y cambiar más de un guiño y más de un ademán. «Contemplemos a gusto esta caricatura, esta sombra de Hamlet que imita su gesto, la mirada indecisa y los cabellos al viento, ¿no da pena ver a ese vividor, ese vago, ese histrión sin teatro, ese gracioso, que porque sabe representar con arte su papel, quiere interesar con sus cantos de dolor a las águilas, grillos, arroyos y flores, e incluso a nosotros, autores de estas viejas rimas, y recitarnos a gritos sus públicas parrafadas? » Hubiera podido (mi orgullo, alto como el monte, domina la nube y el clamor de los demonios) volver simplemente mi cabeza serena, si no hubiese entre su tropa obscena, ¡crimen que no hizo tambalear al sol!, la reina de mi corazón, de mirada sin igual, que se reía con ellos de mi sombría tristeza y les hacía, a veces, alguna sucia caricia.
VIII UN VIAJE A CYTEREA Mi corazón, como un pájaro, revoloteaba feliz, y volaba libremente alrededor de las cuerdas; el navío corría bajo un cielo sin nubes, como ángel embriagado de un sol radiante. ¿Qué isla es ésta tan negra y triste?- Es Cyterea, nos dicen, un país famoso en las canciones, Eldorado trivial de todos los solterones. Mirad, después de todo es una pobre tierra. -¡Isla de dulces secretos y de fiestas del corazón! De la antigua Venus el soberbio fantasma, más allá de tus mares flota como un aroma, y llena los espíritus de amor y languidez. Bella isla de verdes mirtos, llena de capullos en flor, siempre venerada por todas las naciones, donde los suspiros de amantes corazones avanzan como el incienso por jardines de rosas o el eterno arrullo de la paloma torcaz. -Cyterea no era más que una tierra pobre, un desierto rocoso turbado por gritos feroces. ¡Sin embargo, presentía yo allí algo singular! Aquello no era un templo de sombras selváticas, donde la joven sacerdotisa, eterna enamorada de las flores, iba, el cuerpo ardiente por calores secretos, entreabriendo sus ropas a las brisas ligeras; pero, he aquí que rozando la costa el bauprés, al asustar los pajáros con nuestras velas blancas, pudimos ver que era un patíbulo de tres zancas, destacado en el cielo, negro como un ciprés. Las aves rapaces, posadas en su cumbre, destrozaban con furia a un ahorcado ya podrido: cada una hundía, como un clavo, su impuro pico en los rincones sangrientos de aquella podredumbre. Eran los ojos agujeros, y del vientre desfondado los gruesos intestinos caían sobre los muslos; y sus verdugos, ahítos de espantosas delicias, a picotazos lo habían castrado por completo. Bajo los pies, una manada de celosos cuadrúpedos levantado el hocico, merodeaba; una bestia más grande se agitaba en el centro, como un verdugo rodeado de auxiliares. ¡Oh habitante de Cyterea, de un cielo tan hermoso, silenciosamente sufrías estos insultos en una expiación de tus infames cultos, y los pecados que te impidieron el descanso eterno! ¡Ridículo ahorcado, tus dolores son los míos! Yo sentí, a la vista de tus miembros flotantes, como un vómito subir hasta mis dientes el largo río de hiel de mis antiguos dolores. Ante ti, pobre diablo, tan caro de recordar, sentí todos los picos y todos los mordiscos de los cuervos fieros y de las panteras negras, que antaño tanto gozaban en machacar mi carne. El cielo estaba embrujado, la mar en calma; para mí todo era negro y sangriento para siempre, ¡ay!, y tenía, como en un espeso sudario, el corazón amortajado en esta alegoría. En tu isla, oh Venus, no encontré en mi viaje más que un patíbulo simbólico donde colgaba mi imagen… -¡Oh Señor! Dame la fuerza y el coraje ¡de contemplar mi cuerpo y mi alma sin asco!
IX EL AMOR Y EL CRANEO Viñeta antigua El amor está sentado en el cráneo de la Humanidad, y desde este trono, el profano de risa desvergonzada, sopla alegremente redondas pompas que suben en el aire, como para alcanzar los mundos en el corazón del éter. El globo luminoso y frágil toma un gran impulso, estalla y exhala su alma delicada, como un sueño de oro. Y oigo el cráneo a cada burbuja rogar y gemir: -Este juego feroz y ridículo, ¿cuándo acabará? Pues lo que tu boca cruel esparce en el aire, monstruo asesino, es mi cerebro, ¡mi sangre y mi carne!
No dejes apagar el entusiasmo, virtud tan valiosa como necesaria; trabaja, aspira, tiende siempre hacia la altura (Rubén Darío) No gane...
RICARDO GONZÁLEZ VIGIL , PILAR GONZÁLES VIGIL Y FANNY JEM WONG
La fiesta de KIKÍN, EL SALTARÍN , se celebró en el Club Social Miraflores , con CUENTACUENTOS , canciones , ricos bocaditos y mucha alegría. Una historia en rima que fomenta los valores de la alegría, la amistad y el compromiso.
Alfonsina Storni
“Quizá nos encontremos frente a frente algún día,
quizá nuestros disfraces nos logremos quitar.
Y ahora me pregunto… cuando ocurra, si ocurre,
¿sabré yo de suspiros, sabrás tú suspirar?”
“La vida no es la que uno vivió, sino la que recuerda y cómo la recuerda para contarla.” G García M.
“Los recuerdos son los tesoros que se mantienen atrapados en el almacén de nuestras almas, para mantener el corazón caliente cuando estamos solos.” Becky Aligada
HAIKU DE FANNY JEM WONG
entre bocados / al final se escucha / gochisousama
CON MI FAMILIA
Confucio veía la familia como el cimiento de la sociedad y sostenía que el respeto y la armonía dentro de ella eran esenciales para el bienestar de todos sus miembros. Consideraba que la familia era el lugar donde se debían aprender los valores morales y éticos, y donde se debían forjar los lazos familiares fuertes y duraderos. Además, destacaba la importancia de los roles y las responsabilidades dentro de la familia, así como la educación como herramienta para mejorar la sociedad. En definitiva, Confucio nos dejó un legado que enfatiza la importancia de la familia como pilar fundamental en nuestras vidas. FUENTE : https://filosofiaoriental.info/que-dice-confucio-de-la-familia/