Saturday, February 13, 2010

Niña Pastori : Cai (Letra)

 

Niña Pastori : Cai


Caí por la madrugá
como me huele a sal mi Caí
Caí, que se despierta por la mañana
me llena el cielo de gaditanas, 

ay Caí Caí por la madrugá
como me huele a sal mi Caí
Caí, que se despierta por la mañana
me llena el cielo de gaditanas
las niñas bailan envueltas en lunas
con sus vestidos bordaos de espuma, ay Caí

Cuando podré regresar a encerrarme
contigo en un patio
dejar que el viento entre las macetas
silbe por tangos
por fin veré a mi gente
por fin te veré
Caí del mentidero
muero por él, yo quiero volver

Caí por la madrugá
como me huele a sal mi Caí
y pa nosotros dos
tengo a mi Caí, con perdón
ay de los que preguntan
qué es lo que tiene ese rincón
Niña

Caí se bebe el sol
Caí es la brisa marinera
que remienda tu corazón
con la sonrisa más morena

Caí, cuando tú no estas
de qué me vale amar el mar, mi Caí
Caí, cuando anochece
que tú me duermes, que yo te miro
y a ti te pierde, ay Caí

Cuando podré regresar a encerrarme
contigo en un patio
dejar que el viento entre las macetas
silbe por tangos
por fin veré a mi gente
por fin te veré
Caí del mentidero
muero por él, yo quiero volver

Caí por la madrugá
como me huele a sal mi Caí
y pa nosotros dos
tengo a mi Caí, con perdón
ay de los que preguntan
qué es lo que tiene ese rincón
Niña

Caí se bebe el sol
Caí es la brisa marinera
que remienda tu corazón
con la sonrisa más morena.

WALTER FAILA ESCRIBIÓ COMPLEJIDADES




WALTER FAILA 
ESCRIBIÓ COMPLEJIDADES

La anarquía reside en cada habitación de la casa.
No hay sustancias que gobiernen mi caos.
Ni contorsiones que detengan la estrategia de un enigma.

Ya no busco en tus rincones los vértices del prisma
ni te pregunto si es posible hilvanar entre tus faldas.

Ya no hay grillos licenciosos que canten en mis noches,
ni ranas embusteras que entonen libertinas serenatas.

Sí hay signos que maduran señalando a los verdugos,
echando a caminar tu nombre en las paredes blancas
Sí hay lobos que aúllan en la urbe ficticia de una estepa
mientras gruñen por instinto moribundas alboradas.

Se fueron mis palabras prisioneras con tu siglo,
se perdieron buscando una huella en tus osarios.

Ya no quedan penitencias redimiendo a mis glosarios,
ni oraciones que seduzcan tus lápidas sedientas.

La condena está sujeta al poder de una sentencia
en luctuosos banquetes banales y arbitrarios
donde comen y se embriagan seudos dioses.

Ya no hay en el albor artesanos que restauren a las voces,
ni manos silvestres que te rocen en la avidez del desconsuelo.

Sí hay silencios encorvados meciéndose en el tiempo
donde ayunan artilugios el cansancio y el recuerdo.

Ya no hay entre tu y yo emisarios como nexos.
Ya no queda ni una perla que desgrane mi rosario.

Se ha disuelto entre mis dedos el último alfabeto,
y se han roto los números de un nuevo calendario.

Analizo, mientras miento al corazón que no te amo.-

Monday, February 08, 2010

Para la vida de nuestro hijo por Carlos Castro Saavedra

 

Para la vida de nuestro hijo


CUALQUIER HOMBRE CANTA SU HIJO PRESENTIDO


Para la vida de nuestro hijo
bella medida es tu cintura,
y bello el ritmo de tu pulso
para la sangre de nuestro hijo
En tu nostalgia atardecida
cabe el sollozo de nuestro niño,
y cabe el llanto de sus ojos
entre la red de tus pestañas.
Red que se llena de luceros
cuando la tiras en el agua.

Guarda el reposo de tus párpados
que allí está el sueño de nuestro infante,
y no te canses de mirarme
que nuestro pequeño está mirando
con esa luz de tu mirada.
Enhebra el hilo de tu canto
para sentir que está cantando
la voz de nuestro hijo entre tu voz,
como burbuja de los peces
entre los círculos del agua.

Cuando caminas me parece
que nuestro hijo avanza con tus pasos,
y si te quedas detenida,
entonces pienso que es nuestro hijo
el que se para con tus plantas.
Si vas en busca de los soles
del mediodía delirante,
pienso que nuestro hijo del alma
se está acercando lentamente
a la candela de una lámpara.

Tú eres la rama que sostiene
el alto fruto de mi carne,
y eres la vena que da música
al corazón de nuestro pequeño
que está siempre cercano.
Las golondrinas que tú sueñas
rayan el cielo de nuestro infante,
y vas cantando por la tierra
mientras nuestro hijo va cantando
por los caminos de tu sangre.


AUTOR: Carlos Castro Saavedra