Poemas de Charles Baudelaire 3
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| Poemas de Charles Baudelaire 3 |
EL VAMPIRO
Tú que, como una cuchillada;
Entraste en mi dolorido corazón.
Tú que, como un repugnante tropel
De demonios, viniste loca y adornada,
Para hacer de mi espíritu humillado
Tu lecho y tu dominio.
¡Infame!, a quien estoy ligado
Como el forzado a su cadena,
Como al juego el jugador empedernido,
Como el borracho a la botella,
Como a la carroña los gusanos.
-¡Maldita, maldita seas tú!
Supliqué a la rápida espada
Que conquistara mi libertad
Y supliqué al pérfido veneno
Que sacudiera mi ruindad.
¡Ay! el veneno y la espada.
Me desdeñaron diciéndome:.
-No eres digno de que se te libere
De tu esclavitud maldita.
-¡Imbécil! -Si de su dominio
Te libraron nuestros esfuerzos,
Tus besos resucitarían
El cadáver de tu vampiro.
Versión de María Fasce
EL VINO DE LOS AMANTES
¡Hoy es espléndido el espacio!
Sin freno, ni espuelas, ni brida,
Partamos a lomos del vino
Hacia un cielo divino y mágico.
Cual dos ángeles torturados
Por implacable calentura
En el cristal azul del alba
Sigamos tras el espejismo.
Balanceándonos sobre el ala
Del torbellino inteligente,
En un delirio paralelo,
Hermana, navegando juntos,
Huiremos sin reposo o tregua
Al paraíso de mis sueños.
El «YO PECADOR» DEL ARTISTA
¡Cuán
penetrante es el final del día en otoño! ¡Ay! ¡Penetrante hasta el
dolor! Pues hay en él ciertas sensaciones deliciosas, no por vagas menos
intensas; y no hay punta más acerada que la de lo infinito.
¡Delicia grande la de ahogar la mirada en lo inmenso del cielo y del
mar! ¡Soledad, silencio, castidad incomparable de lo cerúleo! Una vela
chica, temblorosa en el horizonte, imitadora, en su pequeñez y
aislamiento, de mi existencia irremediable, melodía monótona de la marejada, todo eso
que piensa por mí, o yo por ello -ya que en la grandeza de la
divagación el yo presto se pierde-; piensa, digo, pero musical y
pintorescamente, sin argucias, sin silogismos, sin deducciones.
Tales pensamientos, no obstante, ya salgan de mí, ya surjan de las cosas, presto cobran demasiada intensidad.
La energía en el placer crea malestar y sufrimiento positivo. Mis
nervios, harto tirantes, no dan más que vibraciones chillonas,
dolorosas.
Y ahora la profundidad del cielo me consterna; me exaspera su limpidez.
La insensibilidad del mar, lo inmutable del espectáculo me subleva… ¡Ay!
¿Es fuerza eternamente sufrir, o huir de lo bello eternamente?
¡Naturaleza encantadora, despiadada, rival siempre victoriosa, déjame!
¡No tientes más a mis deseos y a mi orgullo! El estudio de la belleza es
un duelo en que el artista da gritos de terror antes de caer vencido.
EMBRIÁGUENSE
Hay
que estar ebrio siempre. Todo reside en eso: ésta es la única cuestión.
Para no sentir el horrible peso del Tiempo que nos rompe las espaldas y
nos hace inclinar hacia la tierra, hay que embriagarse sin descanso.
Pero, ¿de qué? De vino, de poesía o de virtud, como mejor les parezca. Pero embriáguense.
Y
si a veces, sobre las gradas de un palacio, sobre la verde hierba de
una zanja, en la soledad huraña de su cuarto, la ebriedad ya atenuada o
desaparecida ustedes se despiertan pregunten al viento, a la ola, a la
estrella, al pájaro, al reloj, a todo lo que huye, a todo lo que gime, a
todo lo que rueda, a todo lo que canta, a todo lo que habla,
pregúntenle qué hora es; y el viento, la ola, la estrella, el pájaro, el
reloj, contestarán:
“¡Es hora de embriagarse!
Para no ser los esclavos martirizados del Tiempo,
¡embriáguense, embriáguense sin cesar!
De vino, de poesía o de virtud, como mejor les parezca.
INVITACIÓN AL VIAJE
Mi hermana, mi ser,
sueña en el placer
de juntar las vidas en tierra distante;
y en un lento amar,
amando expirar
en aquel país a Ti semejante.
Los húmedos soles
de sus arreboles
mi alma conturban con el mismo encanto
de tus agoreros
ojos traicioneros
cuando resplandecen a través del llanto.
Allá todo es rítmico, hermoso
y sereno esplendor voluptuoso.
Pulieron los años
suntuosos escaños
que serán la muelle pompa de la estancia
donde los olores
de exóticas flores
vagan entre ‘una ambarina fragancia.
La rica techumbre,
la ilímite lumbre
que dan los espejos con magia oriental,
hablaran con voces
de incógnitos goces
al alma en su dulce lenguaje natal.
Allá todo es rítmico, hermoso
y sereno esplendor voluptuoso.
Mira en las orillas
las dormidas quillas
de innúmera ruta, de sino errabundo:
siervas de tu anhelo,
su marino vuelo
tendieron de todos los puertos del mundo.
Ponentinos lampos
revisten los campos,
la senda, la orilla. Cárdeno capuz
de oro y jacinto,
por el orbe extinto
difunde la tarde su cálida luz.
Allá todo es rítmico, hermoso
y sereno esplendor voluptuoso.
Versión de Carlos López Narváez
LA BELLEZA
Yo soy bella, ¡oh mortales! , como un sueño de piedra.
Mi seno -donde el hombre se desangra y expira-
Mudo, infinito amor al poeta le inspira,
Coronada de rosas lo mismo que de yedra.
Campea en el azul -esfinge impenetrable-:
Bajo alburas de cisne llevo un alma de nieve;
Odio los movimientos que las líneas remueve;
Lo mismo ignoro el llanto que la risa inefable.
Los poetas, absortos frente a mis actitudes
-Que asumidas parecen de altivas magnitudes-
Consumirán sus días sondando las edades;
Que tengo para embrujo de amadores tan fieles,
-Espejos que trasmutan las guijas en joyeles-
Mis ojos, grandes ojos, de eternas claridades.
Versión de Carlos López Narváez
LA DESESPERACIÓN DE LA ANCIANA
La
viejecilla arrugada sentíase llena de regocijo al ver a la linda
criatura festejada por todos, a quien todos querían agradar; aquel lindo
ser tan frágil como ella, viejecita, y como ella también sin dientes ni
cabellos.
Y se le acercó para hacerle fiestas y gestos agradables.
Pero el niño, espantado, forcejeaba al acariciarlo la pobre mujer decrépita, llenando la casa con sus aullidos.
Entonces la viejecilla se retiró a su soledad eterna, y lloraba en un
rincón, diciendo: «¡Ay! Ya pasó para nosotras, hembras viejas,
desventuradas, el tiempo de agradar aun a los inocentes; ¡y hasta
causamos horror a los niños pequeños cuando vamos a darles cariño!»
LA DESTRUCCIÓN
El demonio a mi lado acecha en tentaciones;
como un aire impalpable lo siento en torno mío;
lo respiro, lo siento quemando mis pulmones
de un culpable deseo con que, en vano, porfío.
Toma a veces la forma, sabiendo que amo el arte,
de la más seductora de todas las mujeres;
con pretextos y antojos que no hecho a mala parte
acostumbra mis labios a nefandos placeres.
Cada vez más, me aleja de la dulce mirada
de Dios, dejando mi alma jadeante, fatigada
en medio de las negras llanuras del hastío.
Y pone ante mis ojos llenos de confesiones,
heridas entreabiertas, espantosas visiones…
la destrucción preside este corazón mío.
Versión de María Fasce