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| Aserrín Marco Martos |
Aserrín por Marco Martos
José Raúl Capablanca, símbolo del ajedrez.
El 19 de noviembre de 1888 nació José Raúl Capablanca en Cuba. Como homenaje, la FIDE, la Federación Mundial del Ajedrez, ha señalado que ese día del penúltimo mes del año sea la fecha conmemorativa internacional del ajedrez. Capablanca aprendió el juego ciencia viendo mover los trebejos a su padre y, aunque le gustaba alternar en la calle con otros niños, pronto fue ganado por el tablero y toda su vida fue, metafóricamente, protegido por la diosa Caissa, la musa de las torres, alfiles, caballos, damas y reyes. En La Habana derrotó al campeón de Cuba Corzo, y esa victoria lo catapultó a los Estados Unidos, donde ganó numerosos torneos, y en una célebre partida derrotó a Frank Marshall, el campeón de la metrópoli, quien luego se hizo su amigo y lo ayudó a desarrollar una carrera en Europa.
Cuando José Raúl Capablanca fue invitado al torneo de San Sebastián, España, uno de los participantes más conocidos, Berstein, alegó que el joven cubano todavía no merecía jugar en la elite mundial. Su petición no fue aceptada y Capablanca ganó el certamen. La mejor partida fue la que ganó precisamente a Berstein.
Pasaron diez años y finalmente en 1921 Capablanca venció a Lasker por el campeonato mundial, sin perder una sola partida. Desde poco antes, hasta 1927, se mantuvo, ocho años sin perder un solo cotejo y participando en muchos torneos, como Nueva York en 1924 y 1927.
Capablanca, quien no estudiaba ajedrez como lo hacían otros grandes maestros, confiado en si mismo, se enfrentó en 1927 a Alekhine por el campeonato mundial en Buenos Aires y perdió. El jugador ruso francés se había preparado meticulosamente. Nunca quiso darle la revancha con argumentos inverosímiles. La última vez que jugaron en un torneo, Capablanca obtuvo la victoria.
En 1939, en el campeonato mundial por equipos, en Buenos Aires otra vez Capablanca, una vez más, obtuvo el mayor puntaje en el primer tablero. Luego vino la guerra mundial. En Buenos Aires se quedaron los europeos que no podían regresar, como Najdorf Stalberg y Pilnik y ayudaron a formar la gran escuela argentina de ajedrez, con Panno, Rosseto, Bolbochán. Alekhine volvió a Francia y fue detenido por los nazis y obligado a jugar en los países que ocupaban.
Capablanca, ya mal de salud, se quedó viviendo en Nueva York. Cuando murió, el 7 de marzo de 1942, su partida fue lamentada en todo el mundo. El propio Alekhine, reconoció que Capablanca había sido el mejor jugador de todos los tiempos. Todavía no habían nacido ni Fischer ni Kasparov.

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