Gustavo García era pequeño, ojos vivaces, palabras pocas.
Se acodaba en el mostrador y bebía agua pura, bañado en sudor,
mientras los amigos del júbilo bebían estentóreos aguardientes
y Samuel Carrera, al frente, iba y venía con sus vasos y copas tintineantes.
Así fue siempre, una y mil veces, en tardes de sopor y atardeceres maravillosos.
En el estadio todo es diferente. Los pies de Gustavo García bailan
en los extremos de la cancha donde el sol reverbera
en la misma esquina de los banderines, cerca del griterío de la gente.
En una ocasión Eusebio Burgos, le dio un pase, por lo alto,
a la punta del zapato, y avanzó García como una tromba,
eludiendo a varios jugadores, y consiguiendo un tiro de esquina
en medio de la algarabía suprema de las tribunas.
Desde la punta sale el disparo del brujo mangache,
la pelota va por el aire, veloz y caprichosa, con el viento a favor
hincha las redes. Inútil el salto de los jugadores, inútil su pena.
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De mis manos brotarán
amapolas rojas como la sangre.
Así, quizás mi poesía sea eterna.
MI POESÍA SOY YO
FANNY JEM WONG M
LIMA - PERÚ