![]() |
| DOS CUENTOS BREVES DE WINSTON ORRILLO |
DOS CUENTOS BREVES DE WINSTON ORRILLO
LA CORONAVIRUS
Soy la Coronavirus, bien hembra por si acaso. Y vine a tu planeta sin orden ni concierto, donde me llaman -breves- la Covid-19.
En fin, cuestión de estilo.
Y por qué fue, precisamente, que arribé a este mundillo. Quizá porque era tiempo de hacer una mudanza, un poco de trasiego. Mucho os habéis matado en guerras y en hambrunas, que -casual, casualidad- siempre “condecoraban” a aquel, el obvio sector depauperado.
Ni por broma quisisteis cambiar el objetivo.
Siempre hacia el mismo abismo llevabais a los mismos.
Y esto ya era aburrido: ¡un poco de variante no hubiera venido mal!
Pero no con ustedes; con ustedes, jamás.
Tenía que embarcarme en estos mis navíos, donde todos, iguales, tienen el mismo trato.
Que le llamen “pandemia” no importa para nada.
Soy, como hembra, apegada, a las equivalencias: en mis manos revuelco al monarca, al gerente, al pillo de las cuentas secretas en aquellos “paraísos fiscales”, donde también paseo, y cobro adelantado.
Y podrán mil vacunas tratar de exorcizarme: de todas yo me río, sonrío, pues mis cepas son asaz infinitas.
Y esto era necesario que lo supieseis pronto.
Ningún misterio, entonces.
Todo está transparente, tan diáfano y preclaro como para cantarle algún salmo fulmíneo.
LAS CUCARACHAS
Mi mujer pega gritos cada vez que aparecen: y aparecen de pronto, grandotas o pequeñas. Y ella, palos, chisguetes -sprays creo le llaman- con lo último de lo último, para, sí, demolerlas.
Yo, en cambio, me divierto con sus pasos, chiquitos o crecidos, da lo mismo, y depende de dónde se muestran o ¡ay! emergen.
Salud, cucarachitas, bienvenidas, pues dicen que cuando ustedes llegan es porque hay algo vivo que las llama; y eso es bueno porque la muerte ronda, pugnaz, a nuestro lado.
Una noche, muy triste, vi una cucarachita, herida -me imagino- por su depredadora.
La pobre se arrastraba, pero, aunque el cuerpo mismo ya casi no movía, sus antenas -pugnaces- cantaban -me imagino- el Himno a la Alegría, de aquella, la Novena.
No sé si es excesivo decir que las extraño. Pues cuando no aparecen, subitáneas, ansiosas, mi mujer, en silencio, mastica o friega platos.
Ellas, pues, son motivo para aquello que hoy todos reclaman viva voce: la comunicación, el diálogo, el dime y, sí, te escucho.
Venid, pues, cucarachas, de todos los tamaños: sois un canto a la vida que, poco a poco, es cierto, se va ya adormeciendo.
Haced que nos volvamos al diálogo esquilmado.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
De mis manos brotarán
amapolas rojas como la sangre.
Así, quizás mi poesía sea eterna.
MI POESÍA SOY YO
FANNY JEM WONG M
LIMA - PERÚ