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| EPITAFIO POR FANNY JEM WONG |
EPITAFIO
Por Fanny Jem Wong
Suenan
tétricas las notas
de la vieja arpa.
La luna muestra lo que encierra
en su lado más oscuro.
Visto de negro,
y el Dios de los vientos
mece enfurecido mis cabellos.
Se escuchan "in crescendo"
desazón y penas,
notas oscuras,
sangran miserias.
Cierro los dedos,
no tienen fuerzas.
Velas
negras encendidas
alrededor de mi lecho,
un cirio rojo quemándome
las entrañas y los sesos.
Sensaciones funestas,
pecho abierto,
dagas de fuego
apretadas contra el alma.
Ritual necrofílico en el que invoco
destrozar carnes y huesos,
todas las estrellas de mi universo,
maldita noche dantesca.
El
corazón amordazado
grita silencioso, desangrándose,
partiéndose en miles de fragmentos,
acosado, sin remedio.
Muera esta noche
el absurdo símbolo del amor.
Adormecida
la mente
se ofusca, se estrecha.
El dolor denso avanza
hacia la conciencia,
se desbarata toda luz,
el cuerpo se hace pesado.
No hay
calidez en tus brazos,
no quieres existir.
Ni intimidad para lágrimas y sollozos,
nada se respeta,
todo es profanado,
burlado…
Mis lunas
desorbitadas
saltan de sus órbitas, inflamadas.
Un bello ángel cree tener las respuestas,
o quizás la llave de oro que abra la jaula.
No puede ver que el colibrí
agoniza entre sus manos.
Pobre y
tierno ángel,
solo puede mirar al ave destrozarse,
o abrir la ventana
e imaginar que la libero.
Enredada
estoy
en maleza putrefacta y oscura.
Ni siquiera asfixias, ni asqueas.
El antiguo concierto
sigue su ancestral partitura.
El cuerpo
se va separando
en pedazos de carnes y huesos.
Concierto espeluznante,
noche de muerte
sin resurrección.
La
preciosa copa yace colmada
de sangre coagulada,
cenizas cubriéndome
de los pies a la cabeza,
fría habitación oscura,
vacía en actitud de olvido.
Cuerdas
de tripa humana
gritan su desventura.
Hermosas melodías
de marchas fúnebres
parecieran decir:
—No digas amor más nada.
Todo debe acabar de prisa,
no es tiempo de trinos.
¡Duerme, duerme, que ya nada existe!
Me tienes
muerta, atada a un tiempo
que dejó de ser mío.
Hoy solo sé que a pesar
de mil grilletes
me alejaré hacia las cortinas de flores
que a lo lejos llaman.
La caja
negra retumba,
escucho y veo gentes.
Rostros que ni conozco dicen:
—Ven de prisa.
—No escuches más conciertos de mentiras.
El pánico
pugna por brotar
en grandes borbotones.
Estoy vacía
de tanto haberte amado,
príncipe oscuro.
Ni
siquiera tu rostro
he visto en mis sueños,
ni tu voz me es familiar
cuando el sol se apaga.
Solo imágenes amorfas
dicen que fuiste mi amor.
Tú, sueño oscuro,
me empujas hacia precipicios.
Tú me abandonas
en medio de la oscuridad,
sin comprender nada,
como si fuese yo un feto.
No
pretendo ser tu dueña,
tampoco tu esclava.
Sueños de amaneceres,
inquietantes imágenes
recreé en tu mente
hasta incendiar tus cimientos,
hasta reventar de placeres descontrolados
en donde las prácticas sexuales
resultaban consuelos.
Días de
risas y otros de angustias desmedidas,
de esperas inútiles
en donde se marchitaban
las yemas de los dedos,
mientras mi alma se esconde.
La maleza ensucia de mentiras lo que oculta
y me hunde cual pantano
en fango ponzoñoso.
Mi alma
canta moribunda
sin que me crean.
Hoy es noche de concierto.
—Vida mía, no luzco de gala.
Ni los rizos que tanto amaste
están dorados,
se vuelven blancos
y mi piel morada, muy morada.
Me ahogo
en mis penas,
desolado veneno amargo
que crece y me mata de a pocos.
El concierto de lamentos
rompe los cristales,
mis azules pensamientos
golpean tu puerta
y las ventanas se empañan
sudando sangre negra.
Tengo
amores por miles,
caricias todas,
pero nada me alcanza,
solo tu amor nefasto,
odiosa fealdad que me hace
prisionera de mis verdades.
La sangre
fluye rabiosa
sobre la estola de las ausencias.
Llevo los zapatos gastados
por las rocas del viejo camino.
Ni siquiera tengo el consuelo
de mis antiguos laberintos:
una fuerte roca partió hace mucho
todos mis espejos,
solo una manta repleta
de azules penas cubre del frío.
¡Oh,
malditos dioses que duermen sobre sus glorias!
Mis huesos crispan,
se destrozan hasta el mismo tuétano.
Malditos dioses que retozan
sobre sus nubes y no miran.
Mírenme beber mi propia sangre
y morderme las entrañas.
Rían jubilosos ante mi degradación,
miren mis ojos perdidos,
miren mi fealdad, tembloroso mi pecho,
muerte tangible acercándose al cuerpo.
No
necesito la protección
de quienes nunca me amaron,
ni proyectar mi rabia contra nadie
que no sea yo misma,
hasta que pueda descansar
sobre la tierra húmeda.
Hoy solo
quiero dejar de ser cobarde
y partir, amor,
porque solo se muere una vez
y no será contigo.
Fanny Jem
Wong
*26-07-05*
(Jemwong)
Reeditado en el 2010
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De mis manos brotarán
amapolas rojas como la sangre.
Así, quizás mi poesía sea eterna.
MI POESÍA SOY YO
FANNY JEM WONG M
LIMA - PERÚ