Wednesday, June 22, 2016

PENUMBRA POR MARCO MARTOS

PENUMBRA POR MARCO MARTOS La luz de la lámpara ilumina el centro de la habitación y forma un círculo en medio de las sombras. Hay una zona de penumbra donde se dibuja el perfil del hombre, sentado frente a la máquina de escribir. Un ventilador corta la noche del verano y hace un ruido imperceptible, como el de un insecto sabio que convive con gente que no lo quiere. El individuo permanece quieto. Parece una estatua en medio de la niebla, mirando el fondo del valle desde lo alto de la montaña, distinguiendo un río, hilo de plata hondo. Lo miro desde lo oscuro y permanezco callado. Un moscardón viene desde la calle, enceguecido se lanza como una bala al centro de la luz y luego cae, panza arriba, impotente. Ahora las manos como rápidas mariposas veleidosas van y vienen por todas las teclas o reposan en la mesa antes de súbitos vuelos. Ignoro lo que escriben pero sé que es lo valioso, que gracias a esas letras que mañana saldrán en el diario habrá alegría en los corredores de mi casa, y las personas que se crucen con mi padre en la calle, le dirán que es bueno lo que dice, y verdadero, y él vendrá donde nosotros a contárnoslo. Ya me veo en mi bicicleta en medio de las casas de quincha, por pistas adoquinadas o de asfalto, bajo el sol terrible o bajo los algarrobos o en la plácida noche que comienza, llevando el artículo de mi padre al periódico, silbando. Tantas veces. Silbaba entonces, y silbo todavía, agradecido, cuando mis manos vuelan como mariposas y escribo lo que quiero, mientras mi padre entre las sombras, en lo más oscuro, aguarda sonriendo. Desde la alta montaña, metido en el aire puro y en las nubes, mi padre mira a lo lejos, al fondo del valle de lágrimas. Su voz me llega como un susurro que me corrige despacio despacio cada línea.
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