Thursday, August 27, 2015

FLORES PARA CINTIA, ESCRIBE PROPERCIO POR MARCO MARTOS


FLORES PARA CINTIA, ESCRIBE PROPERCIO
POR MARCO MARTOS

Desde lejos te veo, Cintia, rodeada
de un coro de niños, escoltados
de forma discreta por sus madres,
en el gran jardín que Roma construyó
en los terrenos que Julio César en su testamento
legó al pueblo que lo idolatraba.
Hasta el gran árbol de grandes ramas donde me guarezco
llega tu límpida dicción que encandila a los púberes.
Tu voz impecable cuenta historias
de los antiguos griegos y troyanos,
los pequeños miran absortos el movimiento
acompasado de tus labios: conocen así
la historia del caballo de madera,
los sutiles engaños de Odiseo y Diómedes
que llevaron la muerte y la destrucción definitiva
a Ilión la muy hermosa ciudad de Héctor y Príamo,
conocen el largo viaje de retorno de Odiseo,
sus aventuras con Polifemo, el gigante de un solo ojo,
se enteran de la tensa espera de Penélope,
sumida en la desconfianza deseando el regreso
de su marido, lento y descuidado.
Por fin Odiseo llega a Ítaca, su tierra amada,
su aspecto de mendigo no impide que lo reconozca
su fiel perro Argos que lo husmea primero
y luego da ladridos de acompasada felicidad
en la noche que cae. Todo lo cuentas, Cintia,
y los niños te aplauden. Valeria y Anna,
dos niñas, las más pequeñas, se apartan del grupo,
escogen dos flores diminutas, de rojo intenso,
que asoman entre el viejo tronco
de un árbol derribado por la incuria
y que acaso conoció Julio César.
Te las entregan con una sonrisa
y los niños te vitorean largo rato.
¿Qué te puedo dar? ¿Cómo puedo sumar belleza
a este instante tan grato?
Solo puedo decirte que este momento
es algo de lo más hermoso que he contemplado
en Roma, la ciudad eterna que amamos tanto.
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